¿Qué es la huella ecológica?

Los indicadores son datos que sirven para conocer o valorar las características y la intensidad de un hecho, para así poder predecir de algún modo su evolución futura. En el ámbito del ecologismo, el conjunto de datos que se ha asentado como indicador principal de la sostenibilidad a nivel internacional es la huella ecológica. Pero, ¿qué es exactamente?

La huella ecológica se define como el total de superficie ecológicamente productiva necesaria para producir los recursos consumidos por un ciudadano medio de una determinada comunidad humana, así como la necesaria para absorber los residuos que genera, independientemente de la localización de estas superficies. Así es -grosso modo- la definición de sus creadores, los expertos ecologistas William Rees y Mathis Wackernagel. Explicado de un modo más sencillo, la huella ecológica sería el efecto que tienen nuestros hábitos y costumbres en el medio ambiente; esto permite definir si una actividad es sostenible o no, midiendo el terreno que necesitamos para producir y para asimilar los desechos que esa actividad genera.

Toda producción genera huella

Cualquier fase de producción actual genera, en mayor o menor medida, huella. Pero su propia naturaleza permite distinguir entre cuatro tipos distintos: de suelo, hídrica, de carbono y de los materiales. Esta diferenciación nace de la necesidad de calcular con precisión la extensión de terreno, el consumo de agua, la emisión de gases de efecto invernadero y la cantidad de materiales que intervienen en todas y cada una de las fases de producción.

De este modo, se puede medir con gran precisión cuál es el impacto que la actividad productiva humana está generando en el planeta, cómo de sostenible es en el tiempo y a qué desafíos se enfrenta la humanidad para tratar de satisfacer todas sus necesidades a la vez que trata de no sobreexplotar la Tierra y sus recursos.

¿Qué es la huella ecológica (cuerpo de texto)

Sobreconsumo actual

Según los datos de un estudio de la ONG World Wildlife Fund (WWF), el ser humano consume actualmente una cantidad de recursos naturales equivalente a 1,6 planetas para satisfacer sus necesidades. Y el mayor problema es que, siguiendo las dinámicas y tendencias de consumo, en 2020 se necesitarían 1,75 planetas Tierra, y 2,5 en 2050. Es por ello que existe una gran urgencia por revisar y rediseñar el modo en que se produce y cuánto se consume, en especial en los ámbitos de la energía y la alimentación.

Pero los efectos de la huella ecológica van más allá del terreno meramente medioambiental: uno de los conceptos más importantes relacionados con ella es la huella social. Este término hace referencia al impacto que tiene una actividad económica sobre las personas que viven y trabajan en un entorno social, económico y medioambiental. Es decir, las compañías que respetan la producción local y apuestan por el comercio justo tienen un impacto más beneficioso a nivel social que otras empresas que emplean a sus trabajadores en condiciones de explotación. Observándose con perspectiva, esta huella aporta un enfoque macro condicionante del nivel de educación, salud y el desarrollo de las sociedades. Por ello, esta huella aporta las claves y necesidades para repensar los modelos de producción actuales y avanzar hacia sistemas sostenibles.