Los océanos están en peligro y estas son las razones

Los océanos cubren dos tercios de nuestro planeta, albergan vida, ofrecen energía y son los principales reguladores del clima. Aun así, muchas personas no son conscientes de su estado crítico. Entre los numerosos peligros a los que se enfrentan se encuentran la contaminación por residuos y el cambio climático.

Mar de plástico y químicos

Todos los plásticos vertidos al mar afectan directamente a la fauna marina, que confunde con alimentos estos desechos o queda atrapada en ellos.

En total, existen en el mundo siete islas de plástico, ocupando la más pequeña poco menos de 1 millón de kilómetros cuadrados. Y es que la contaminación por este material es una catástrofe global: entre 1,15 y 2,4 millones de toneladas terminan en el océano cada año y, mientras su producción alcanza un ritmo vertiginoso, la capacidad para reciclarlo no crece a la misma velocidad. Además, sus componentes hacen que pueda tardar en degradarse entre 150 y 1.000 años.

No obstante, la principal causa de contaminación de los océanos son las sustancias químicas procedentes de la actividad industrial o de fertilizantes utilizados para el cultivo, alterando la oxigenación de las aguas. Esto provoca la extinción de animales y plantas, ya que se daña el ecosistema y las especies mueren al ver modificado su hábitat natural.

El CO2 y la regulación térmica

Las emisiones de CO2 se han cuadruplicado desde el inicio de la era industrial. Sin embargo, su concentración en la atmósfera no aumenta al mismo nivel, ya que los océanos lo absorben. Este fenómeno frena la velocidad del cambio climático, pero tiene sus consecuencias.

En primer lugar, el aumento de las temperaturas provoca el descongelamiento de los polos y el consecuente crecimiento del nivel del mar y de su temperatura, modificando las rutas migratorias de las especies. Esto provoca variaciones en la biodiversidad y pone en peligro a muchas especies que dependen de otras para sobrevivir.

En segundo lugar, al disolverse el CO2 se produce ácido carbónico, es decir, el agua del mar se vuelve ácida porque baja su pH (o concentración de hidrógeno). En 1870, el Ph del agua de mar era de 8,2. Actualmente, es de 8 y se espera que en 2100 se reduzca hasta 7,7. Eso significa que la cantidad de ácido en el agua habrá aumentado en un 150%.

La acidificación de las aguas puede debilitar una serie de procesos metabólicos de distintos organismos marinos, desde la alimentación hasta la respiración, e incluso la reproducción, por lo que muchos animales no podrán sobrevivir y la capacidad de resiliencia será escasa.

¿Más mascarillas que medusas? Desechos de la Covid-19

Varias organizaciones han advertido que, desde el inicio de la pandemia, se ha registrado un exceso de mascarillas y guantes desechables en las costas.

Opération Mer Propre, una ONG francesa que tiene entre sus funciones recoger la basura en la Costa Azul, dio la voz de alarma: mezclados con la habitual basura de vasos desechables y latas de aluminio, sus buzos habían encontrado bajo las olas del Mediterráneo decenas de guantes, mascarillas y botellas de gel desinfectante. Joffrey Peltier, miembro de la ONG, los denomina “desechos de la Covid”.

Látex, nitrilo, goma, plástico, vinilo… estas composiciones no son biodegradables y una mala gestión no solo puede afectar al medioambiente, sino que además puede influir en la propagación del virus. Por ello es importante su correcto reciclado.