Kiri: el árbol que podría ayudarnos contra la contaminación

Recibe el nombre de Kiri o ‘Paulownia tomentosa’, y sus características le hacen ser la planta más resistente que existe en nuestro planeta. Entre ellas destacan la capacidad para fertilizar el suelo, soportar los incendios, purificar aguas contaminadas, absorber diez veces más dióxido de carbono que cualquier otro árbol y emitir grandes cantidades de oxígeno.

Arma contra el cambio climático

Originario de Asia, este árbol es el que más rápido crece de todo el planeta, alcanzando hasta los veintisiete metros de altura y regenerándose tras su corte hasta siete veces.

Tiene la habilidad de adaptarse a una gran variedad de climas, ya que soporta temperaturas extremas desde los -20ºC hasta los 45ºC. Por eso, puede crecer en la mayoría de hábitats y sobrevivir en zonas donde sería imposible la vida de muchas especies vegetales.

Además, sus raíces crecen de forma rápida incluso en terrenos estériles. Sus hojas, ricas en nitrógeno, aportan nutrientes al suelo cuando se descomponen, transformándolo en suelo fértil. De este modo, purifica el terreno y el agua donde crece, por lo que suele utilizarse como ‘planta pionera’ en suelos poco productivos o para la reforestación de aquellas áreas que han sido afectadas por incendios o la tala indiscriminada.

No obstante, la característica que lo hace más interesante para los científicos y que más se tiene en cuenta para combatir el calentamiento global es su eficiencia en el proceso de fotosíntesis: puede absorber una cantidad de CO2 hasta diez veces superior a cualquier otra especie, lo que se traduce en que las hojas de un árbol adulto pueden llegar a recoger 21,7 Kg de CO2 en un día y transformarlos en 6 Kg de Oxígeno.

Forraje y biomasa

Las hojas del Kiri son muy útiles como forraje, puesto que su valor nutricional resulta ideal para la alimentación de ganado. A su vez, es un componente muy empleado al elaborar compost.

Otro de sus usos es la generación de biomasa para centrales térmicas o calefacción casera, mediante la transformación de los cultivos en pellets, que son pequeñas pastillas cilíndricas elaboradas mediante la aglomeración y densificación de la madera y que resultan un excelente biocombustible sólido como sustituto o complemento del carbón.

Planta no grata en algunos países

A pesar de todos sus beneficios, su alta resistencia, adaptabilidad y la rapidez en reproducirse hacen que su proliferación sea muy difícil de controlar.

Países como Australia, Alemania, Brasil, Portugal y Colombia la han catalogado como especie invasora, considerando que pone en peligro la biodiversidad de determinados hábitats.

Como solución, se han intentado diseñar campañas para controlar el cultivo del Kiri, puesto que, a pesar de sus ventajas, son las especies nativas las que mejor contribuyen con la regulación hídrica y térmica de cada zona y existe un gran riesgo de perturbar su crecimiento.

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