El impacto ambiental del COVID-19

La extensión del COVID-19 ha provocado muchos cambios personales, profesionales, sociales… y no todos han sido negativos: la parálisis industrial, la reducción del número de vuelos y el teletrabajo han permitido la disminución en las emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque no es una solución para la crisis climática actual, este paréntesis para el medioambiente lleva a reflexionar sobre la necesidad de cuidar el entorno en el día a día y de aplicar políticas contundentes para salvar el planeta.

Confinamiento global

Casi el 40% de la población mundial se encuentra en situación de confinamiento: más de cuarenta países mantienen la cuarentena obligatoria y una quincena lo hace en algunas áreas, lo que se traduce en más de tres mil millones de personas en sus casas.

La Agencia Espacial Europea y la NASA han mostrado imágenes satelitales que prueban una disminución significativa de los niveles de contaminación a nivel global. Y es que los tubos de escape, el gasto eléctrico o el consumo de combustibles fósiles de muchas empresas han desaparecido del día a día de los países.

Solo la actividad industrial en China ha supuesto que durante tres semanas se emitiesen ciento cincuenta millones de toneladas de CO2 menos que durante el mismo período el año pasado; el equivalente a la cantidad que emite una ciudad como Nueva York durante un año.

En este sentido, un informe en ‘Carbon Brief declaró que las industrias asiáticas estaban operando a niveles mucho más bajos durante la cuarentena. Las operaciones de las refinerías de petróleo en la provincia de Shandong, por ejemplo, fueron las más bajas desde 2015.

Poster design for coronavirus theme with closed sign on earth

Un alivio momentáneo

La cuarentena en la que se encuentran algunos países como Italia, y su consecuente disminución de turismo, ha dejado a los ciudadanos imágenes espectaculares como las aguas cristalinas de los canales de Venecia o la recuperación de bancos de peces de varias especies.

Aunque estas escenas maravillen, no hay que olvidarse de que esta situación coyuntural no es la respuesta a los problemas climáticos y que estos no van a desaparecer una vez superada la crisis: no se ha puesto freno al calentamiento global, ya que en la atmósfera permanecen acumuladas grandes cantidades de gases tóxicos desde la Revolución Industrial de mediados del siglo XVIII.

Tampoco los datos positivos deben bastar para conformarse durante estos días, ya que las repercusiones de la pandemia sobre el medioambiente podrían volverse negativas. Todo depende de las reacciones de cada país para afrontar su recuperación financiera.

No obstante, si la reactivación económica se enfoca empleando energías limpias y políticas respetuosas con el entorno, el coronavirus podría haber contribuido en el cambio de modelo productivo de muchos países.

La naturaleza habla

La recuperación de ecosistemas y la disminución del tráfico ilegal de fauna salvaje son también algunos de los beneficios medioambientales que deja hasta ahora esta pandemia.

De hecho, el 20% del comercio ilegal de fauna salvaje corresponde al pangolín, un mamífero muy demandado en Asia para remedios medicinales y alimentación. Su caza furtiva lo había colocado dentro de la lista roja de animales en peligro de extinción, elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Su posible vínculo con la transmisión del COVID-19 y la posible implicación de otros animales como los murciélagos, ha desembocado en la prohibición de cazar cualquier especie de animal considerada salvaje.

La teoría de que los murciélagos tuviesen un papel decisivo en la transmisión del virus dirige a otra reflexión importante: cómo la deforestación de los bosques altera los ecosistemas y obliga a estos animales a convivir con las personas en ciudades, poniendo en peligro su salud.