Desertificación: ¿qué es y por qué se ha convertido en un problema mundial?

La desertificación es un proceso de degradación del suelo en el que pierde su fertilidad y capacidad de producción. Suele suceder en tierras normalmente semiáridas y subhúmedas secas y actualmente es uno de los principales problemas a los que se enfrenta el medioambiente.

¿Cuáles son las causas de la desertificación?

Está causada fundamentalmente por aquellas actividades que destruyen la cubierta vegetal que mantiene fértil la tierra: la tala de árboles a causa de la deforestación, la erosión de los suelos, la sobreexplotación de acuíferos y la sobreirrigación y su consecuente salinización de las tierras.

Además, el sobrepastoreo se ha convertido en los últimos años en uno de los grandes problemas para estos terrenos, ya que las pisadas del ganado y el uso de las plantas como alimento impiden la regeneración de los vegetales a su ritmo habitual. También la agricultura intensiva agota los nutrientes de la tierra convirtiéndola en más vulnerable a los factores climáticos.

En este escenario, la naturaleza es más agresiva: el viento o las lluvias arrasan con la capa superficial dejando la zona estéril y sin productividad. La persistencia de esta combinación de factores acaba por convertirlas en desiertos.

Sequía y datos

La sequía es la reducción de agua por debajo de la cantidad normal en un período de tiempo determinado. Si a la sequedad se le suma un estado deficiente del suelo, se puede desencadenar la desertificación.

La falta de agua afecta a la salud de los cultivos, del ganado y de los seres humanos; la tierra se ve sujeta a erosión e inundación. Los efectos son graduales pero devastadores, y si no se revisan con políticas de conservación del terreno, racionamiento de agua o construcción de infraestructuras como presas o acueductos, la población pierde sus medios de sustento y se ve obligada a trasladarse.

Los procesos de desertificación avanzan lentamente y sus resultados pueden alcanzar graves consecuencias: crisis socioeconómica, índices altos de mortalidad y desplazamientos de poblaciones. Además, pone en peligro la biodiversidad, la seguridad alimentaria (provocando desnutrición y enfermedades) y el desarrollo sostenible.

Según la ONU, cada año se pierden 12 millones de hectáreas de tierra productiva, de las que cerca del 20% son áreas de cultivo y entre un 30% y 25% son pastizales. Además, estima que unos 250 millones de personas sufren directamente los efectos de la desertificación y 1.000 millones viven en zonas amenazadas.

Las zonas secas, que suponen un 41% de la superficie terrestre del planeta, albergaban en el año 2000 a un tercio de la población humana, es decir, 2.000 millones de personas; se estima que en 2025 cerca de 1.800 millones vivirán una escasez absoluta de agua. Además, dos tercios de la población mundial no dispondrán de suficientes recursos hídricos.