Deforestación: causas y riesgos para la salud y el medioambiente

Los bosques son fundamentales para combatir el cambio climático y juegan un papel fundamental en la vida del planeta: más de mil millones de personas dependen de ellos para sobrevivir. Además, muchos aspectos de la vida diaria tienen relación con su conservación: obtención de alimentos, medicinas, combustibles, etc.

Una de sus mayores amenazas es la deforestación, es decir, la eliminación de bosques para darles un uso no forestal. Generalmente esta práctica se lleva a cabo con el objetivo de destinar el suelo a actividades industriales, expansión de áreas urbanas o construcción de carreteras y vías de acceso, y puede ser originada por los humanos o de manera natural.

Efectos negativos: clima y salud en riesgo

La desaparición de bosques tiene muchos efectos negativos para el medioambiente. Uno de ellos es su repercusión en la fotosíntesis de las plantas: este proceso ayuda a retirar las emisiones de CO2 de la atmósfera ya que la vegetación lo absorbe y libera oxígeno, produciendo a su vez gran cantidad de aire respirable.

La deforestación también afecta al porcentaje de radiación que incide sobre la Tierra, provocando cambios en las temperaturas globales, vientos y precipitaciones.​ Los árboles contribuyen con el ciclo hidrológico, devolviendo el vapor de agua a la atmósfera y su eliminación provoca oscilaciones extremas de temperatura y, en los peores casos, catástrofes naturales.​

Otro efecto negativo es la pérdida de biodiversidad, ya que más del 70% de los animales y plantas viven en áreas forestales y muchos no pueden sobrevivir cuando se destruye su entorno.

Además, aumenta la expansión y las variedades de enfermedades infecciosas transmitidas a los humanos por animales que pierden su hábitat. En este sentido, organizaciones como Greenpeace señalan que la disminución de bosques aumenta el riesgo de transmisión de enfermedades entre los seres humanos al entrar en contacto con poblaciones de fauna silvestre portadoras de virus, bacterias y otros microorganismos. Según datos de la organización, se estima que el 58% de las enfermedades infecciosas y el 73% de los patógenos emergentes proceden de los animales.

Este podría ser el caso de la aparición de la COVID-19 y su posible vínculo con los murciélagos. La deforestación muestra cómo se han alterado sus ecosistemas, obligándoles migrar a nuevas zonas y a convivir en espacios urbanos.

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¿Cómo frenar la deforestación?

La deforestación es un grave problema y no tiene fácil solución. Sin embargo, existen medidas que pueden frenar esta actividad o reducir su impacto.

Una de ellas sería detener la tala injustificada de árboles a gran escala. Esta actividad se suele llevar a cabo por industrias como la maderera o urbanística, ambas desarrolladas por motivaciones comerciales y económicas.

A su vez, son necesarias mayores políticas de protección medioambiental, para evitar la extinción de especies, proteger las zonas más vulnerables y mantener las reservas naturales.

A nivel doméstico, existen recomendaciones para llevar una vida más ecológica con propuestas como reciclar, reducir o eliminar el uso de papel proveniente de la celulosa vegetal, a fin de frenar la tala creciente de árboles en bosques naturales.

También es aconsejable no comprar muebles ni utensilios de madera para desacelerar su comercio.

En caso de adquirir algún producto terminado a base de madera, es imprescindible buscar la etiqueta de certificación Forest Stewardship Council, que obliga al fabricante a reforestar las zonas que talan con fines comerciales.

Por último, también se puede ayudar comprando productos con materiales que simulan sus propiedades, como el Maderol o Duralmond, producido con cáscaras de almendras o cáscaras de nueces que se aplican junto con una resina especial y que sirven para moldear muebles.