Estas son las conclusiones de la Cumbre del Clima 2019

Alejandro Sanz viajó hasta el Ártico para comprobar que los polos se están derritiendo, el movimiento Juventud por el clima (Fridays for Future) ha irrumpido con fuerza durante la COP reclamando medidas más ambiciosas, las redes han estallado en memes tras el encuentro de Pedro Sánchez y Harrison Ford y Greta Thunberg ha vuelto a ser protagonista de las mayores críticas y elogios.

La vigésimo quinta Cumbre del Clima ha dado mucho que hablar, por todos estos eventos pero, en especial, por haber fracasado en su intento de concretar políticas para la reducción de emisiones de CO2 y regular así los mercados de carbono. Y es que, tras largas jornadas de negociaciones, el pasado domingo 15 de diciembre finalizó el encuentro, alargándose dos días más de lo previsto ante la incapacidad de los países participantes de lograr un acuerdo.

Fue la madrugada del domingo cuando finalmente llegó el denominado ‘Chile-Madrid. Tiempo de Actuar’, un documento que anima a los países a “aprovechar la oportunidad en 2020” para aumentar su “ambición climática” y cumplir el Acuerdo de París para frenar el aumento la temperatura global a un tope de 1,5 grados a lo largo del siglo.

¿Qué es el mercado de carbono?

La presencia de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera es uno de los principales problemas que se intentó abordar durante la COP25.

Una de las medidas para reducir las emisiones son los mercados de carbono, un sistema que pretende disminuir la presencia de los GEI a través de la compra-venta de las emisiones entre países. El objetivo es contrarrestar y frenar las cantidades que se emiten a la atmósfera.

A través de él se establece una cuantía total de gases que los países pueden alcanzar y de este modo, si uno emite por debajo de su límite, puede ‘venderle’ sus derechos de emisión a otro país que vaya a superar la cantidad permitida.

De esta manera se reduce de progresivamente la cantidad de GEI, ya que los países sólo pueden ‘consumir’ las cesiones que adquieren y además refleja económicamente el coste que les supone emitir carbono.

“Aplicar este mismo formato a todos los países es extremadamente complicado”, explica Bethlem Boronat,  profesora de Responsabilidad Social en la EAE Business School, ya que “a día de hoy no todos los países sienten que pueden adoptar los mismos compromisos de reducción de emisiones, en parte porque sus clientes, los países desarrollados, siguen pidiendo productos a bajo coste”.

CO2

Perjudicial para el impacto ambiental

El problema de este sistema radica en una situación en que todo lo que un país reduzca pueda  emitirlo otro con capacidad de compra, lo que seguiría siendo perjudicial para el impacto ambiental.

“Los países desarrollados, que han sido los grandes culpables de la situación medioambiental actual, deberían hacer un sobreesfuerzo económico para ayudar a los países en desarrollo a crecer desde un modelo sostenible”, sentencia Boronat. Y es que la ausencia de planes de inversión en soluciones sostenibles disipa el camino hacia transición más ecológica y socialmente equitativa.

Por lo tanto se han echado en falta durante la COP acuerdos globales que contemplen mayor financiación en favor de los países más vulnerables, que se ven anclados a modelos productivos clásicos y que no pueden asumir la inversión que supone transformar sus sistemas y llevar a cabo medidas enfocadas a la reducción de emisiones.

La brecha económica y la desconfianza de este sistema de “compra-venta” tensaron la situación y dificultaron la concreción de acuerdos, ya que algunos países consideraban los mercados de carbono como una forma de especulación que a largo plazo no refleja un beneficio para el medioambiente.

Falta de precisión

La imprecisión del documento ‘Chile-Madrid. Tiempo de Actuar’ deberá definirse en la COP26 que tendrá lugar el próximo año en Glasgow, donde los países deberán enfrentarse de nuevo a la necesidad de responder con medidas más arriesgadas ante la crisis climática.

Además de animar a la reducción de emisiones durante 2020 y a cumplir con el Acuerdo de París, el texto invita a los países más potentes y a las organizaciones privadas y no gubernamentales a aumentar su apoyo a las naciones en vías de desarrollo y a seguir sufragando los programas que socorren a aquellas zonas más vulnerables que han sufrido mayores daños a consecuencia del cambio climático.

Durante estas dos semanas 84 de los 200 países presentes en Madrid se han comprometido a aplicar planes más duros para combatir el calentamiento global. Entre ellos están España, Reino Unido, Francia y Alemania. No se comprometieron ni China, ni India, ni Rusia; países que, junto a Estados Unidos, suman el 55% de las emisiones del mundo.

Sindicatos, científicos y ecologistas

 

Los estudiantes piden a los políticos que "rescaten" el planeta

El representante de los sindicatos calificó de “desgracia” las jornadas de la COP25. “Esperábamos que los gobiernos se pusieran de acuerdo sobre políticas ambiciosas de justicia climática […] pero lo que hemos visto ha sido lo contrario”, afirmó.

Por su parte, el representante de las agrupaciones de científicos y de investigación defendió todas las soluciones que la ciencia ha ofrecido durante los últimos años y alienta a las instituciones a poner en marcha todas las investigaciones llevadas a cabo para combatir la crisis climática. “No malgastéis nuestro tiempo”, pidió.

El encuentro acogió en su primer día un foro de jóvenes de distintas organizaciones climáticas y ecologistas. Todos ellos retrataron un escenario necesitado de una participación más activa por parte de los jóvenes.

“Para 2050, muchos de los que están aquí hoy negociando no estarán, y yo tendré 55 años”, afirmó Marina Melanidis, una joven canadiense del colectivo Youth 4 Nature. Por otro lado, Joel Peña, portavoz de Fridays for Future intervino lamentando que en las últimas COP han tenido lugar “miles de reuniones pero todavía no hemos logrado un futuro”.

“Deberíamos considerar más la participación juvenil. En mi país se está viviendo una crisis muy compleja, pero quienes comenzaron las movilizaciones fueron los jóvenes”, recuerda Peña, de origen chileno. “Greta Thunberg también hizo lo mismo y es una menor de 18 años. Los jóvenes tienen mucho que decir y han demostrado que pueden hacer mucho”.